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CHROMOTOPIA, DE RAINER SPLITT

(17.09.2020 - 10.01.2021)

Comisaria: Mª Ángeles Sánchez Rigal

 

 

La exposición reúne 33 obras, incluidos dos vertidos, uno de ellos el más grande que ha realizado el artista en su carrera y que se convierte en la pieza central de la muestra. “Las obras de Splitt tienen un fuerte compromiso con el color y es difícil clasificarla en la categoría de pinturas o esculturas, aunque podríamos hablar de esculturas pintadas, piezas que, pese a su indecisión formal, exhiben la claridad que siempre ha caracterizado al artista desde sus inicios a mediados de los 80”.

El trabajo de Splitt ha evolucionado gradualmente desde 1988, cuando empezó con objetos tridimensionales, para pasar a sus primeras pinturas vertidas en 1990, manchas de color, mezcla de pintura y emulsiones sintéticas que se derraman sobre una superficie y emergen como intensas formas de una gran luminosidad.

Estas piezas híbridas, a medio camino entre la pintura y la escultura, aunque parezcan ser el resultado casual de un proceso de vertido, son el fruto de un estudio pormenorizado de las cualidades del líquido, su potencial para extenderse y el proceso gradual de secado, cuestionándose la relación de sus proyectos con el espacio y con la materia, la línea, el color, y, en este caso con arquitectura de la Sala Verónicas.

Residente en Berlín, Rainer Splitt (Celle, 1963) es un artista consolidado a nivel internacional cuyas creaciones se han podido ver en galerías y museos de todo el mundo. En España se ha podido disfrutar de su obra en distintas ediciones de la Feria Arco, así como en galerías como Pilar Serra de Madrid, Art Nueve de Murcia o AJG Contemporary Art Gallery de Sevilla. En el caso de la Región, el artista alemán realizó en 2016 la muestra ‘50 ways to kill the color’ (‘50 maneras de matar el color’).

La exposición ‘Chromotopía’ de Rainer Splitt en la Sala Verónicas abrirá al público el jueves 17 de septiembre y se podrá visitar hasta el 10 de enero de 2021. El aforo será limitado para asegurar la distancia de social y facilitar que el visitante pueda disfrutar de la experiencia con seguridad.

 

Color, materia y espejo

El cuerpo de trabajo que despliega el artista Rainer Splitt (Celle, 1963), para el proyecto específico Color-matter and mirror, cristaliza las inquietudes que han ido vertebrando su dilatada producción, desde las cuestiones de carácter formal a las ideas que subyacen a su práctica, funcionando esta muestra como una máquina sintética de sus intereses. El enigma, la representación, el cuerpo en relación a las cosas, el misterio de la imagen especular, la importancia de la materia y la gravedad o el cuestionamiento de los límites de la pintura son reflexiones que quedan atrapadas en las obras que aquí presenta.

La Sala Verónicas constituye un marco suntuoso que el artista gestiona e integra como el elemento central de su propuesta. Grandes vertidos de color negro colonizan la planta de la iglesia, que queda reflejada en la superficie de la pintura, duplicada a modo de espejo, como una caja de resonancia que amplifica su carácter simbólico. La ambigüedad de estas grandes superficies brillantes alude a un origen indeterminado, no podemos saber de dónde brotan, parece que manaran desde un lugar temporal, más que físico, desde un futuro apocalíptico a camino entre lo orgánico y lo artificial. Al igual que en las piezas donde la pintura desborda los límites del soporte, el espacio actúa como una arquitectura para la pintura, un contenedor que es un lugar histórico, connotado, que queda alterado definitivamente.

La cuestión del desbordamiento es central en su obra y se puede observar con nitidez en las series Gussboxen o Paperpools. El soporte formalista, el objeto minimalista y los supuestos que son herederos de las premisas de Greenberg están irónicamente cuestionados por la fuerza de una pintura que es cuerpo y multiplicidad de significados en sí misma, una pintura que alberga gravedad, que tiene peso, que parece estática pero deviene en un movimiento propio. Una perturbación del espacio neutro, ortodoxo, por una pintura que se vuelve autónoma y siniestra, un juego que reta a la sacralidad del espacio a la vez que lo proyecta en un juego barroco de repeticiones.

El sujeto que visita la muestra queda atrapado por la ambigüedad de la representación. La imagen que le devuelven las piezas sobre el muro, que son vertidos sobre espejos, no concreta una imagen de sí mismo, sino que la fragmenta, hace que su imagen no quede fijada, sino confundida con la piel sensual de brillantes colores que, en una estrategia de seducción, funden la profundidad del reflejo y la planitud de la superficie pictórica. Esta experiencia que se asienta en la superficie de la pintura y que el ojo acaricia, se refiere a una cualidad que, como Mario Perniola describe en El sex appeal de lo inorgánico[1], habla de la afectividad que se encuentra en las cosas a partir de su materialidad, su textura, de la piel que conforman los objetos.

 

Rainer Splitt invoca una forma de la seducción, un juego de las apariencias teatral, ambivalente y sutil. Porque como apunta Baudrillard “la seducción es lo que sustrae al discurso su sentido y lo aparta de su verdad (…) en la seducción es de alguna manera lo manifiesto, el discurso en lo que tiene de más ‘superficial’, lo que se vuelve contra el imperativo profundo (consciente o inconsciente) para anularlo y substituirlo por el encanto y la trampa de las apariencias”[2].

En este sentido, Splitt no argumenta acerca de verdades ontológicas, de sujetos estables, definidos, de una limitación del sentido, sino de la ampliación de los horizontes de la comprensión y de un sujeto que tiene que completar y enriquecer la obra con su propia experiencia.

Un elemento a tener en cuenta es la propia estructura de la sala, dividida dos espacios diferenciados, que condiciona el hilo argumental de la exposición. En la clausura, el visitante experimenta una sensación de intimidad, donde la escala humana de la estancia provoca el contraste de sí mismo con la obra. Un “estar entre las cosas” o “hacerse cosa” a la manera fenomenológica. Asimismo, también le sobreviene la contradicción de estar en un espacio íntimo y familiar pero a la vez ajeno, una experiencia freudiana de “lo siniestro”, esa sensación paradójica que afecta a las cosas conocidas que de repente se tornan extrañas[3].

Sin embargo, el espacio abierto del templo lo enfrenta a una percepción de lo sublime kantiano, una sensación que supera al que contempla, debido a la majestuosidad de la escala, causándole una sensación contradictoria de placer y de congoja.

La pintura de Rainer Splitt, desde su intencionada apertura, se enmarca en lo que Zigmunt Bauman definió como una abstracción postrepresentativa, que “ya no se ocupa de la ‘representación’; ya no da por sentado que la verdad que necesita ser captada por la obra de arte esté escondida ‘por ahí’ –en la realidad no artística y preartística-, esperando a que la encuentren y le den expresión artística. Habiendo sido ‘liberada’ de la autoridad de la ‘realidad’ como juez genuino o supuesto, pero siempre supremo, del valor verdad, la imagen artística reclama (¡y disfruta!), en el continuado afán por crear significado, de la misma categoría que el resto del mundo humano. En lugar de reflejar la vida, el arte contemporáneo le añade contenidos”[4].

Y esta suma de contenidos, la riqueza semántica que el artista manifiesta en este trabajo, junto con la lucidez del uso la forma y del color, hace que cada espectador encuentre referentes de un mundo ambiguo, mezcla de naturaleza y cultura, un mundo viscoso, esplendente y misterioso que, como la pintura, se desliza inefable, incomprensible a veces pero que nos habla del secreto poderoso de la piel y de la superficie. 

Mª Ángeles Sánchez Rigal

 



[1] PERNIOLA, M, El sex appeal de lo inorgánico, Madrid: Trotta, 1994.

[2] BAUDRILLARD, J. De la seducción, Madrid: Cátedra, 1998, p.67.

[3]Freud, S. “Lo siniestro”, en Obras Completas, Madrid: Biblioteca Nueva, 1996, pp.  2483-2505.

[4] BAUMAN. Z. La posmodernidad y sus descontentos. Madrid: Akal, 2001, p. 134.

 


-          Obligatorio el uso de mascarilla

-          Máximo 10 visitantes en sala

-          Mantener la distancia mínima de seguridad de dos metros durante la visita.